La copla no se aprende en un conservatorio: se hereda, se vive, se canta en el viento de las sierras o en el patio de una abuela. Este formato convoca a cantoras de raíz — copleras, solistas de tradición oral, voces que guardan la memoria de su tierra — para poner en valor un patrimonio que ha sido femenino desde siempre. Podés participar sola o acompañada: lo que importa no es la cantidad de voces, sino la verdad que llevan adentro.